viernes, 13 de septiembre de 2013

R. MASCA WILL HAVE HIS VENGEANCE IN FACEBOOK

La belleza de los quince años se me antoja
tan defectuosa hoy que alguien rescata
vuestras fotos y titula Cardenal Cisneros B.U.P
93/94. No hay poema que me diera tanto miedo

ni manera de decirlo fuera de retórica anestésica
[belleza era erección, si no quedaba claro]
enfrente de los dientes que la edad ha retorcido
retroactivamente. Es un ejemplo [mío, a mí me vale]

pero nunca reivindicaré la adolescencia si no es
con miedo puro de una decepción. O de los versos pobres,
demasiado largos, demasiado emocionales de renglón
y sin boscajes estilísticos. ¿Qué esperábais que le haga?
Esto es lo que [en términos de estigma] doy. Y gracias.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

PLAYLIST DE LOS NOVENTA

A ello exactamente huele. Están
los que se sientan en la Habitación 
y brotan la sinergía de un pantano
por las yemas de los dedos. Huele así.
A humedad [y a chiste].

Nos crecieron traduciendo cada letra de canción.
Lo endecasílabo no grita igual
por mucho que lo rompas, tuerces, gesticules
o mastiques. Pero ahora cuento sílabas 
como casquillos.

Es la única manera. Ser tan obvio que conviertes
tu versión en tu parodia
[nadie te saluda hacerlo].

Y han pasado veinte años: duele cuando pienso en ti.

Tú grábame esta lástima en el cráneo.
En la cara interior del hueso.
Coge mi cerebro, habítalo. Reseca este pudor
que a página perpetua huele.
Busca el giro conveniente del tambor.






martes, 10 de septiembre de 2013

DRIVE

Louis Ferdinand Destouches describe el sacramento
de nuestra crucifixión [leed entre las líneas
perpendiculares] cuando caen las torpes zarpas
que componen una biblioteca contra la ironía.

Somos orgullosos el camino irremediable hacia la Sexta
Masiva Extinción [o la del Holoceno] y no perdemos tiempo
en más excusa ni guitarras de bluegrass que Lucifer
afina en este cruce de caminos tan Terrible

como lo pudiera ser la T de Tàpies cuando el Universo
se colapsa en el ombligo o mínimas moralias
consistiéndose en su apología en una red social:

Lou Ferdinand alza su hocico desdentado por la conmisericordia
de un posólogo revisionista aficionado [hablo de yo]
y no se aporta nada a mí ni a sí pese a la contusión
maravillosa de memoria por la que valdrá 
brindar la pena este quinteto pobre que empatraña el juego.

lunes, 9 de septiembre de 2013

SHENRON

Hemos de pensar la Poesía: tu sandalia enmugrecida
recorriendo el dorso putrefacto de una sierpe
que es la última certeza [eslogan elongado] 
de haber Dios y proponerte regresar
al Dios [oh ardor mataserpientes] con la grima
acumulada por un lustro así quintuplicado de lección.

Hoy hemos de pensar: mi cabellera esquizidida
propugnando la propia distancia como Ley Moral
para los crueles tiempos de acuarelas y parda metáfora
asomándome al fin filo de letrinas con las que retrato
[igual que malos humoristas de los miércoles] 
un odio suficiente con ser dicho como tal, mi Dios:

consuelan cuantos pies se hunden pues la escama
de reptil es larga como un párrafo que anhelo a dónde va
y la sangre ha disipado la telúrica vigencia 
que rezuma aún [pues somos grandes y temblamos]
la nostalgia de una vida no volada desde los más lejos
planetarios con los que el perfeccionista así se debe conformar. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

ME CAE BIEN LUNA MIGUEL

Me cae bien Luna Miguel. Esto es así. Me cae bien la gente que cita a Ted Hughes y parece que lo lee de la manera en la que creo que lo leo yo. Que igual no se parece en nada. Bueno. También con Foster Wallace. Aunque yo con Foster Wallace necesito un ánimo especial y una edición de bolsillo porque si no corro el peligro de aburrirme. Esto es así. Casi como con Pynchon. Con la mayoría. Me cae bien Luna Miguel porque no la conozco y sólo la he leído y si lees a alguien sabes de verdad si te cae bien. O no. Me cae bien, seguramente, porque se lo monta bien y la publican y a mí no y yo sé que la envidia es una especie de remedio cutre y casero para paliar el miedo a la mediocridad del escritor pero que el remedio verdadero, el remedio incontestable es no ser escritor. Yo escribo pero no seré nunca escritor y no me importa demasiado a estas alturas. A los jóvenes habría que matarlos,dicen algunos sin decirlo. Vale. Bien. Que tiren la primera piedra. Esto es así. No me importa tres cojones. Me cae bien Luna Miguel porque, quizá, escribirlo me traerá visitas al blog. Más que si escribiera Me cae bien Fred Pohl. Esto es así. Aunque lo insisto, no es por esto. Me cae bien Luna Miguel porque una editorial te dice que no publicará tu libro porque escribes muy bien pero no eres comercial y sabes que no tienen valor para decirte la verdad porque luego va ella y publica. Me cae bien Luna Miguel porque es todos los escritores que esta noche me caen bien y no caben todos sus nombres en un post. Pero entenderlo: estoy tan lleno de amabilidad y de rencor que hay que asumirlo y tengo prisa para terminar. Hoy todos me caen bien. Estoy repleto de mediocridad.

martes, 3 de septiembre de 2013

LO QUE ESCUCHAS CUANDO ESCUCHAS A TRENT REZNOR [O CANCIÓN DE AMOR DE UN VIEJO GAFAPASTA]

Vivo una generación presa del tópico de aquel que lo ha tenido todo y juguetea con la Marca Registrada de la Muerte igual que quien nos precedió e igual que aquel que nos sucederá [o léase: nunca querré morir pero querré ser recordado y para eso es requisito la Extinción vivir un alienígena penado con estrías que hoy debe secarse los ojos con papel de envolver porque la evolución le hurtó los lacrimales al vivir una rutina de enemigos que no son otra cosa que mis cáscaras gritando que vivo el versículo y vivo la rumba y vivo aquí la conga de las sílabas]. 


domingo, 1 de septiembre de 2013

DE AHÍ MI RABIA

Entre los últimos 40 y casi hasta finales de los sesenta del pasado siglo, hubo en la poesía española un debate muy propio de un país que soportaba las mutaciones propias de una dictadura fascista que sobrevivía a la muerte de los grandes fascismos a base de concesiones absurdas, guiños y malas conciencias entretejidas en la razón de ser de todo su campo intelectual. En un momento en el que a casi nadie le interesaba realmente la poesía, en que casi nadie la leía porque casi nadie había aprendido a hacerlo –primero en parte por escasez de oportunidades, pero luego ya sólo por mezquindad directa de quienes elegían qué enseñar (aquí no hay excusas, y seguimos sufriendo las consecuencias de este analfabetismo funcional inducido en nuestro día de hoy)–, se hablaba de la necesidad de transmitir el mensaje, clarificar los lenguajes, conmover y llegar así a Lo Humano, frente a los que abordaban el camino inverso y huían de lo predeterminado –lo prejuzgado– para escarbar la verdad –que es Lo Humano– en el propio acto de la escritura. No era una cuestión política, ahí tenemos ejemplos como Barral, Ferrater y Goytisolo en la misma mesa, pero también rencores profundos, no sólo entre generaciones, los previsibles, sino también los sorprendentes entre coetáneos, como Valente contra Gil de Biedma, y que se tradujeron en un lastre que hoy día arrastramos –los ochenta lo cebaron a base de bien con su mercadotecnia de suplemento de diario de tirada nacional– y que nos lleva a veces a la parálisis y el cabreo cuando piensas que escribir es una cosa u otra si eliges un verbo menos convencional que otro. Porque yo creo en la Literatura como violencia y a la vez como hermenéutica y pienso que flaco favor le hago al lector si no le traslado dudas y sospechas sobre la página antes que tibias certezas en las que ni yo mismo, como persona, no como sujeto de análisis filológico, creo. Y antes, mucho antes, es a mí al que no me hago ningún favor, según lo voy redactando. Por eso pienso a menudo en Céline, que no es poeta ni uno de mis autores favoritos, sí uno con el que acarreo graves deudas menudo, y en todo lo que ha desatado, no por sus ideas, sino por su estilo. Un estilo del que beben, lo reconozcan o no, grandes autores que ya admiro y frecuento más –de Bukowski a Burroughs a Pynhon a Vilas– y que tiene en común conmigo, sobre todo, única y exclusivamente, la rabia. Nada más que eso. Y nada menos.

Por esto, al margen de lo enorme de los autores y de los textos con los que comparto estas páginas, que es mucho y dará muco que hablar, el primer y más claro motivo de orgullo es muy claro: estoy jodidamente agradecido a Vicente y a Julio por haber contado conmigo para esto.

El descrédito blog


Y ahora, dicho queda mi exordio, lo que cuenta es el libro.