martes, 3 de septiembre de 2013

LO QUE ESCUCHAS CUANDO ESCUCHAS A TRENT REZNOR [O CANCIÓN DE AMOR DE UN VIEJO GAFAPASTA]

Vivo una generación presa del tópico de aquel que lo ha tenido todo y juguetea con la Marca Registrada de la Muerte igual que quien nos precedió e igual que aquel que nos sucederá [o léase: nunca querré morir pero querré ser recordado y para eso es requisito la Extinción vivir un alienígena penado con estrías que hoy debe secarse los ojos con papel de envolver porque la evolución le hurtó los lacrimales al vivir una rutina de enemigos que no son otra cosa que mis cáscaras gritando que vivo el versículo y vivo la rumba y vivo aquí la conga de las sílabas]. 


domingo, 1 de septiembre de 2013

DE AHÍ MI RABIA

Entre los últimos 40 y casi hasta finales de los sesenta del pasado siglo, hubo en la poesía española un debate muy propio de un país que soportaba las mutaciones propias de una dictadura fascista que sobrevivía a la muerte de los grandes fascismos a base de concesiones absurdas, guiños y malas conciencias entretejidas en la razón de ser de todo su campo intelectual. En un momento en el que a casi nadie le interesaba realmente la poesía, en que casi nadie la leía porque casi nadie había aprendido a hacerlo –primero en parte por escasez de oportunidades, pero luego ya sólo por mezquindad directa de quienes elegían qué enseñar (aquí no hay excusas, y seguimos sufriendo las consecuencias de este analfabetismo funcional inducido en nuestro día de hoy)–, se hablaba de la necesidad de transmitir el mensaje, clarificar los lenguajes, conmover y llegar así a Lo Humano, frente a los que abordaban el camino inverso y huían de lo predeterminado –lo prejuzgado– para escarbar la verdad –que es Lo Humano– en el propio acto de la escritura. No era una cuestión política, ahí tenemos ejemplos como Barral, Ferrater y Goytisolo en la misma mesa, pero también rencores profundos, no sólo entre generaciones, los previsibles, sino también los sorprendentes entre coetáneos, como Valente contra Gil de Biedma, y que se tradujeron en un lastre que hoy día arrastramos –los ochenta lo cebaron a base de bien con su mercadotecnia de suplemento de diario de tirada nacional– y que nos lleva a veces a la parálisis y el cabreo cuando piensas que escribir es una cosa u otra si eliges un verbo menos convencional que otro. Porque yo creo en la Literatura como violencia y a la vez como hermenéutica y pienso que flaco favor le hago al lector si no le traslado dudas y sospechas sobre la página antes que tibias certezas en las que ni yo mismo, como persona, no como sujeto de análisis filológico, creo. Y antes, mucho antes, es a mí al que no me hago ningún favor, según lo voy redactando. Por eso pienso a menudo en Céline, que no es poeta ni uno de mis autores favoritos, sí uno con el que acarreo graves deudas menudo, y en todo lo que ha desatado, no por sus ideas, sino por su estilo. Un estilo del que beben, lo reconozcan o no, grandes autores que ya admiro y frecuento más –de Bukowski a Burroughs a Pynhon a Vilas– y que tiene en común conmigo, sobre todo, única y exclusivamente, la rabia. Nada más que eso. Y nada menos.

Por esto, al margen de lo enorme de los autores y de los textos con los que comparto estas páginas, que es mucho y dará muco que hablar, el primer y más claro motivo de orgullo es muy claro: estoy jodidamente agradecido a Vicente y a Julio por haber contado conmigo para esto.

El descrédito blog


Y ahora, dicho queda mi exordio, lo que cuenta es el libro.

sábado, 20 de abril de 2013

I WISH I WAS A NEUTRON BOMB

Le hablaba a mi editor de las Hipérboles Geológicas del Pánico.
De ese silencio neto que encapsula los renglones para que
se desparrame el costumbrismo o la mediocridad
por nuestras páginas y luego así os restalle la sorpresa
de un adverbio de tres filos. De la sinestesia fluorescente
entre las babas del rapsoda que no coge la postura buena
para dormitar y araña su nostalgia improcedente en duermevela.
Le decía que jamás me sonreirán los dioses [sus tentáculos
de esparto y pálidas esdrújulas]. Que nada sé
de las cobardes musas como muñecas matrioskas
que parasitaran los callados úteros de sus propias y calladas madres.
Le decía, sobre todo, que ahora estoy aquí
y que por supuesto [por sí acaso] todo llegará. Que, por ahora, nada más.

martes, 16 de abril de 2013

REARVIEWMIRROR

Enfermos de palabra y soportales. Carpetovetónicos
del siglo por venir [que nunca venga: nos acurruquemos
en progresos legendarios de pelaje mientras
los significados hacen mellas hasta el tuétano].
Saludaremos. Alzaremos nueces y costumbres
de fumar desnudos en alféizares de la mediana edad.
Imaginando el equipaje mínimo [sostén, la falda,
blusas] de mujeres demasiado a punto de partir
de este poema. Todo pertenece a algo menos yo.
Pues bien, muñeca. Te permitiré unas líneas.
Transcurrido el alba se te estampará el carmín
contra el retrovisor como en el rock de los noventa.
Por ahora, sálvame de ser real, de rendir cuentas
[de venir] y de escribir el verso último que encierre
[lo que te diría sólo sirve como rima, adolescencia]
tu cariño igual que la dolida, intermitente, piel del quiste.


domingo, 7 de abril de 2013

PRECIO DE VENTA AL PÚBLICO

Nunca hay que perder de vista que actuamos
[nos movemos o jugamos] en los aledaños de una industria
claramente retratada por Horkheimer, por Adorno,
y jamás olvidarlo nos ahorra la tremenda pérdida de tiempo
que es creer en la literatura, hoy día, como solución
de algo: los contratos son papel mojado 
y las portadas [lo que encierran dentro] son clichés
determinados por cebar el horno de las modas y la propulsión
de fotos de tus editores con revistas críticas obsesionadas
por poner la cifra [lean: PVP] al discurso y encajarlo
a martillazo en este formulario al que tan sólo te cabe
sustraerte no firmando, no jugando, no viviendo,
a fin de cuentas, lo que ellos han señado que es vivir
según el acto indestructible y milenario de la pose.

martes, 2 de abril de 2013